Licenciatura y eso.
Hoy hablaré de Manolito. Fue compañero de clase en el colegio y compartí con él desde los 11 a los 14 años. Él tenía varios años más que yo, ya que había repetido varios cursos. Recuerdo como padres y profesores nos recomendaban que no siguiéramos sus pasos, ni siquiera que pasáramos tiempo con él, ya que de este modo no llegaríamos lejos. Era una persona que los mayores utilizaban como ejemplo para explicarte lo que no debías hacer. A nosotros nos divertía mucho, ya que no paraba de hacer bromas mientras el profesor explicaba, como nunca respondía acertadamente a las preguntas del profesor, o como en algunos momentos los enfrentamientos entre el profesor y Manolito tenían pinceladas agresivas. Todos los días se iba a un rincón del colegio con su grupo de amigos y se encendían un cigarrillo burlando las normas del colegio e impresionándonos con su actitud de rebelde. Nunca hacia la tarea y su mochila estaba repleta de cintas casete de sesiones de Break Beat que grababa la noche anterior de un programa de radio que emitía después de la una de madrugada. Cosa que me sorprendía muchísimo ya que yo debía estar religiosamente a las 10 de la noche en la cama.
De las cosas más divertidas que recuerdo fue cuando trajo al colegio una revista pornográfica que ni si quiera la había comprado, la había robado del estanco de Don Jacinto. Como estas mil y una experiencias que me gustaba escuchar junto a mis compañeros de más confianza.
A la edad de los 16 años Manolito abandonó la escuela y le perdí la pista. Alguna vez lo vi en las fiestas del pueblo, pero jamás supe a que se dedicaba. Yo seguí con mis estudios tal y como debía. Acabé la carrera, seguí jugando al baloncesto para el equipo de la universidad y terminé un postgrado.
Trece años más tarde Manolito y yo nos volvemos a encontrar. Ya no parece ese chico inmaduro que era antes. Ahora los dos vivimos en Londres, trabajamos en un restaurante. Yo trabajo limpiando platos. Manolito no sé muy bien qué es lo que hace, pero es mi jefe.
De las cosas más divertidas que recuerdo fue cuando trajo al colegio una revista pornográfica que ni si quiera la había comprado, la había robado del estanco de Don Jacinto. Como estas mil y una experiencias que me gustaba escuchar junto a mis compañeros de más confianza.
A la edad de los 16 años Manolito abandonó la escuela y le perdí la pista. Alguna vez lo vi en las fiestas del pueblo, pero jamás supe a que se dedicaba. Yo seguí con mis estudios tal y como debía. Acabé la carrera, seguí jugando al baloncesto para el equipo de la universidad y terminé un postgrado.
Trece años más tarde Manolito y yo nos volvemos a encontrar. Ya no parece ese chico inmaduro que era antes. Ahora los dos vivimos en Londres, trabajamos en un restaurante. Yo trabajo limpiando platos. Manolito no sé muy bien qué es lo que hace, pero es mi jefe.
a veces la sociedad pone demasiadas expectativas en uno mismo, pero todo acaba por llegar y a cada uno la vida le va poniendo en su sitio..
ResponderEliminaraunque también soy de las que apoyan "la escuela de la vida"