LOOK BOTH

Todo el trayecto de camino al pub le iba comentando como me sentía y como me había hecho sentir. Le explicaba todas aquellas cosas que por inseguridad nunca hice y que me arrepentiré por siempre. Le contaba como ella ha sido la única mujer que me ha roto los calzoncillos y por consiguiente el corazón. Le relataba todos y cada uno de los momentos que había pasado con ella, como también todas aquellas cosas que no había entendido por su forma de actuar y que ahora tampoco acaba de llegar a comprender.

Lo conozco de hace poco pero ya lo consideraba mi amigo, podía ser sincero con él y expresar esas cosas que a veces necesitamos contar para sentirnos bien. Sabía que hablando de ella con mi amigo, volvería a tenerla en mi cabeza otra docena de días. Todo empezó porque la noche anterior había soñado con ella, para luego por la mañana visitar tu perfil y la espina clavada hacerse sentir, comprobé como las fotos en las que sonreía me hacia elevarme y flotar para luego hundirme a lo más profundo.

La tarde era soleada, algo muy raro aquí, incluso hacia una temperatura agradable, algo también inusual. Las calles llenas de jóvenes, algunos de ellos con gafas de sol, estaba feliz hablando de ella a la vez que la primavera se acercaba. Apreciaba mucho tráfico para un domingo, muchos coches, motos, mucha gente en bicicleta, y también docenas de guaguas rojas de dos pisos.

Le contaba cómo me invadía la sensación de inseguridad cada vez que había quedado con ella y la cantidad de errores que por inseguridad me había hecho cometer, todos ellos por temor al rechazo. Le conté como no le había enviado sms para comprobar si era ella quien me los enviaba a mí y así tener una sensación de control banal. Le conté como me había mirado miles de veces en el espejo antes de quedar con ella, y las decenas de veces me había quitado y puesto la misma camiseta, también le contaba la cantidad de perfume que había esparcido por mi piel y ropa antes de salir de casa. Le contaba como creía que una simple mirada expresaría mil sentimientos sin el uso de las palabras, pero que ella nunca las entendió. También le conté que no había sido capaz de decirle lo que pensaba por pensar que ella pudiera pensar que sería un plomo de forma figurada. Todo un lio en mi cabeza, resumido en el “qué pensará ella”. Y así , a lo largo de la calle un perfecto monólogo sobre ella en la que era el personaje central.

Esa mañana me sentía con fuerza, él solo escuchaba y afirmaba lo que decía. Me dijo una verdad que no quise aceptar: “El corazón sólo se rompe una vez, lo demás son sólo rasguños”.
Seguimos comentando los pequeños erráticos detalles de mi breve relación.

A todas estas, mientras le contaba, sólo buscaba un empujón de mi amigo, un pequeño ánimo de lo que yo ya había pensado. Así fue, el se dio cuenta de lo que buscaba y me lo ofreció. Tenía el empujón que necesitaba, una vez que llegásemos al pub, la llamaría para explicarle todas esas cosas que jamás le había dicho, para decirle que debí interesarme más por ella pero que no lo hice por cobarde, no lo hice porque estaba enamorado y tenía miedo. En ese momento, junto a mi amigo, buscaba nada más que hacer lo que me apetecía, buscaba sólo arrepentirme de lo hecho y no de lo que pudiera haber hecho y nuca hice.

Apresuramos el paso, sólo quería llegar al pub para que mi amigo entrara y que me dejara a solas, para así, coger el telefono y hablar con ella.
Quedaba sólo una calle que cruzar para llegar al pub cuando mi amigo la vio. Yo no la pude ver. El había mirado para la derecha mientras que yo miré a la izquierda. El se detuvo al verla, yo seguí. Ya era tarde, ahora solo oía un susurro del estado de pánico de los allí presentes, estaba tirado en el suelo sobre el paso de cebra y no sentía dolor, mis extremidades daban algunos espasmos a la vez que iba feneciendo mientras la guagua roja de dos pisos se había detenido más adelante.

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