Tarde reversible
Realmente no sabía si éste era mi sitio. Quizás me equivocaba viniendo aquí, la sensación era extraña. Algunos nervios incontrolables recorrían mis articulaciones. Nervios que provocaban sobre mis extremidades un ligero temblequeo casi armónico. No controlaba la situación, me sentía torpe, no era capaz de enlazar conversaciones y a la vez me horrorizaban los silencios… Por contrapartida, aunque no fuera consciente y evitando la evidencia, respiraba paz.
Al principio, la película no había sido capaz de captar mi atención, y todos mis pensamientos giraban ante la situación que estaba viviendo. Ella estaba sentada a mi lado con sus piernas cruzadas sobre el sofá. Llevaba un top blanco y unos pantalones cortitos grises que dejaban al descubierto unas piernas largas y esbeltas. Algo de bisutería relativamente barata adornaba cuellos y manos, y su pie derecho era adornado con una tobillera de conchas,… Yo, en cambio, me había pasado algo de tiempo frente al espejo.
Pasaron minutos. Mis ojos, poco a poco fueron mostrando interés por la imagen que mostraba la pantalla. Conseguí concentrarme en la película, ya que era la mejor forma de relajarme y disfrutar. La película era la típica peli americana de acción, entretenida pero con poco argumento. Al final, toda mi atención estaba sumida al vaivén de tiros entre policías y traficantes.
Relajación, armonía, bienestar son sensaciones que ahora sentía. Esta sensación no duró mucho. Fue entonces cuando ella se recostó sobre mí, apoyando su cabeza con su pelo rubio sobre mi hombro. Su pelo era seda. Mi pecho fue testigo de rítmicas y rudas palpitaciones. Mi corazón se había acelerado. Miles de pensamientos abordaban mi cabeza, buscaba respuestas, intentaba explicar la situación,…era absurdo; debía centrarme en la película y dejar que fluyese la hora y media de duración. Al cabo de unos minutos recuperé mi ritmo cardiaco. Se podría decir que lo que al principio fue nerviosismo, al final se convirtió en placer. Me sentía muy bien allí con ella.
Ya no pude recuperar la atención en la peli que tanto trabajo que había llevado. Ahora pensaba en lo curioso de las sensaciones y analizaba mis sentidos. Me vino a la cabeza esa pregunta que a veces nos hacemos. Si tuvieras que prescindir de un sentido, ¿Cuál sería? La vista, te da la capacidad de apreciar, fijarnos en aquellas formas que captan nuestra atención, pero tristemente somos dueños y esclavos de lo que miramos…El oído, si preguntamos por él, nos dirán que la comunicación y la música es lo que hace que lo apreciemos, pero es cierto que en muchas ocasiones disfrutamos del silencio…El sentido olvidado es el olfato, quizás la mayoría se decantara por este. Pero, ¿Qué pasaría con esa sonrisa que nos queda al ir por la calle y percibir un olor similar a un ser antes muy querido?…El gusto, degustar alimentos elaborados…eterno placer de dioses. El tacto, para unos más ó menos importante. Yo de esté no prescindo. Aún, a día de hoy, me dura el placer de sentir su cuerpo recostado sobre el mío. Con esta divagación había recuperado la tranquilidad…
Con un susurro y cerquita del oído me preguntó por la película. Yo la miré y ella miró. Con sinceridad, yo buscaba la propia mirada de complicidad, pero fue en ese momento, junto con mi ignorancia, que mi corazón entró en un ritmo de brutal magnitud. Los latidos retumbaban en mí, la sangre recorría mi cuerpo inyectada de adrenalina, mi piel erizada, mis piernas temblaban, mis parpados cerrados,…Ella me había besado y lo seguía haciendo. Sensaciones recorrían mi cuerpo. No lo podía creer, el gozo era portentoso.
La película había quedado como mera espectadora de nuestros actos. Quería tocar su cuerpo. La temperatura de la sala había subido exponencialmente. Ahora tocaba su piel con mis manos algo sudorosas. Desde dentro podía sentir como una explosión. Quería gritar, saltar o salir corriendo, no lo sabía bien. Nos íbamos tumbando sobre el sofá a la vez que nos besábamos. Mis manos fueron buscando un trabajo, una rutina, querían formar parte de la fiesta de salón. Con timidez, y como si fueran niños que entran en una sala a jugar con otros niños, donde cada paso se convierte en un reto y cada paso conseguido aumenta la confianza, así eran mis manos. Se colocaron en la cintura, luego sobre su top. Su piel era suave y fina. Partes de su cuerpo fui descubriendo y eso me gustaba. Subiendo mis manos por su vientre acumulaba tela de su top en mis muñecas, quedando al descubierto su pecho. Ahora el top caía al suelo. Besé sus labios y luego su cuello. El cuello era largo y muy femenino. Mis besos habían recorrido sus labios, su cuello y ahora se decidían a pelear sobre sus hombros. A su vez, mis dedos masajeaban sus piernas, cintura y pecho.
Me propuse comenzar a bajar lentamente hasta sus pechos. Éstos estaban cubiertos por lencería de lo más sensual. Mis besos se repartían entre piel y lencería mientras la levantaba con mucho tacto. Ella inclinada hacia mí, me ayudo a quitarle el sujetador. El sujetador ya estaba fuera. Ella recuperó su posición sobre el sofá y yo sobre ella. Repare a mirar sus senos. Eran pequeños, redondos y bien formados. Sus pezones rosados y algo duros. Fue entonces cuando ellos, sus pezones, fueron víctimas de pequeñas mordidas que compaginaba con besos en todo su pecho. Mi sensación era de excitación. Disfrutaba con ello. Y notaba que ella también. Comencé a desnudarme. Cada prenda de mi ropa fue buscando un hueco por la sala. Ya no había vuelta atrás, practicaríamos sexo.
Me atreví a quitarle ese pequeño pantalón. No llevaba ropa interior. Disfrutaba el momento. No quería dejarme ninguna parte de su cuerpo sin besar. Inagotables cantidades besos recorrían ahora su vientre. Mis manos a cada lado de su cintura, cuando besaba su ombligo. Ella me cogió de mis manos y ambos las acariciamos. Seguí bajando. Me desvié por sus muslos morenos, cuando seguía bajándole el pantalón. Me había quedado de rodillas frente a ella. Había besado sus piernas y ahora se las levantaba según besaba sus tobillos, por dentro y por fuera. Estamos completamente despojados. Un placer inconmensurable. Mis dientes aguantabas sus pies, mis manos humedecía sus tobillos y mi lengua mordía sus pies. Estaba viendo algo tan onírico que hasta mis palabras y mis pensamientos se confundían.
Coloqué mi cabeza entre sus piernas. Proseguía besando y no paraba de pasar mi lengua por su tez. Progresivamente me inclinaba e iba besando el interior de sus piernas.
Me acomodé y le realicé sexo oral. El tiempo como todo, es relativo. Difícil saber cuánto tiempo duró.
La excitación viajaba por mi cuerpo. Me retorcía de placer, cada una de mis vertebras giraban 360º. Ella también lo estaba, se podía apreciar; estaba muy húmeda.
Ahora me ponía al lado de ella. Seguimos besándonos. Sus labios eran perfectos. Me despertaba muchas sensaciones. Eran como algodones de azúcar, aparte de dulces, muy blandos. No se podía parar, algo que gusta y que no hace daño sería de necios parar. Sabía que me gustaba. Incorporados, nos masturbamos mutuamente hasta llegar al orgasmo.
Caímos fulminados de placer sobre el sofá. La película había acabado. La pantalla estaba en negro. El silencio adueñaba la casa y la calle. No dije palabras alguna, simplemente disfrutaba del placer que me recorría el cuerpo.
Después de unos minutos, ella me hablaba. Parecía muy natural. Yo no conseguía concentrarme en sus palabras. Decenas de preguntas rondaban mi cabeza. ¿He hecho lo correcto? ¿Realmente vale la pena? ¿Llegaré a algo más con ella? ¿Habrá sido solo sexo y no lo sé? ¿Será demasiado adulta para mí?, ¿Seré demasiado joven para ella?...
Pero mis verdaderas dudas estabas ahora disipadas. Tenía completamente claro mi homosexualidad. Quería pasar el resto de mi vida al lado de una mujer.
Al principio, la película no había sido capaz de captar mi atención, y todos mis pensamientos giraban ante la situación que estaba viviendo. Ella estaba sentada a mi lado con sus piernas cruzadas sobre el sofá. Llevaba un top blanco y unos pantalones cortitos grises que dejaban al descubierto unas piernas largas y esbeltas. Algo de bisutería relativamente barata adornaba cuellos y manos, y su pie derecho era adornado con una tobillera de conchas,… Yo, en cambio, me había pasado algo de tiempo frente al espejo.
Pasaron minutos. Mis ojos, poco a poco fueron mostrando interés por la imagen que mostraba la pantalla. Conseguí concentrarme en la película, ya que era la mejor forma de relajarme y disfrutar. La película era la típica peli americana de acción, entretenida pero con poco argumento. Al final, toda mi atención estaba sumida al vaivén de tiros entre policías y traficantes.
Relajación, armonía, bienestar son sensaciones que ahora sentía. Esta sensación no duró mucho. Fue entonces cuando ella se recostó sobre mí, apoyando su cabeza con su pelo rubio sobre mi hombro. Su pelo era seda. Mi pecho fue testigo de rítmicas y rudas palpitaciones. Mi corazón se había acelerado. Miles de pensamientos abordaban mi cabeza, buscaba respuestas, intentaba explicar la situación,…era absurdo; debía centrarme en la película y dejar que fluyese la hora y media de duración. Al cabo de unos minutos recuperé mi ritmo cardiaco. Se podría decir que lo que al principio fue nerviosismo, al final se convirtió en placer. Me sentía muy bien allí con ella.
Ya no pude recuperar la atención en la peli que tanto trabajo que había llevado. Ahora pensaba en lo curioso de las sensaciones y analizaba mis sentidos. Me vino a la cabeza esa pregunta que a veces nos hacemos. Si tuvieras que prescindir de un sentido, ¿Cuál sería? La vista, te da la capacidad de apreciar, fijarnos en aquellas formas que captan nuestra atención, pero tristemente somos dueños y esclavos de lo que miramos…El oído, si preguntamos por él, nos dirán que la comunicación y la música es lo que hace que lo apreciemos, pero es cierto que en muchas ocasiones disfrutamos del silencio…El sentido olvidado es el olfato, quizás la mayoría se decantara por este. Pero, ¿Qué pasaría con esa sonrisa que nos queda al ir por la calle y percibir un olor similar a un ser antes muy querido?…El gusto, degustar alimentos elaborados…eterno placer de dioses. El tacto, para unos más ó menos importante. Yo de esté no prescindo. Aún, a día de hoy, me dura el placer de sentir su cuerpo recostado sobre el mío. Con esta divagación había recuperado la tranquilidad…
Con un susurro y cerquita del oído me preguntó por la película. Yo la miré y ella miró. Con sinceridad, yo buscaba la propia mirada de complicidad, pero fue en ese momento, junto con mi ignorancia, que mi corazón entró en un ritmo de brutal magnitud. Los latidos retumbaban en mí, la sangre recorría mi cuerpo inyectada de adrenalina, mi piel erizada, mis piernas temblaban, mis parpados cerrados,…Ella me había besado y lo seguía haciendo. Sensaciones recorrían mi cuerpo. No lo podía creer, el gozo era portentoso.
La película había quedado como mera espectadora de nuestros actos. Quería tocar su cuerpo. La temperatura de la sala había subido exponencialmente. Ahora tocaba su piel con mis manos algo sudorosas. Desde dentro podía sentir como una explosión. Quería gritar, saltar o salir corriendo, no lo sabía bien. Nos íbamos tumbando sobre el sofá a la vez que nos besábamos. Mis manos fueron buscando un trabajo, una rutina, querían formar parte de la fiesta de salón. Con timidez, y como si fueran niños que entran en una sala a jugar con otros niños, donde cada paso se convierte en un reto y cada paso conseguido aumenta la confianza, así eran mis manos. Se colocaron en la cintura, luego sobre su top. Su piel era suave y fina. Partes de su cuerpo fui descubriendo y eso me gustaba. Subiendo mis manos por su vientre acumulaba tela de su top en mis muñecas, quedando al descubierto su pecho. Ahora el top caía al suelo. Besé sus labios y luego su cuello. El cuello era largo y muy femenino. Mis besos habían recorrido sus labios, su cuello y ahora se decidían a pelear sobre sus hombros. A su vez, mis dedos masajeaban sus piernas, cintura y pecho.
Me propuse comenzar a bajar lentamente hasta sus pechos. Éstos estaban cubiertos por lencería de lo más sensual. Mis besos se repartían entre piel y lencería mientras la levantaba con mucho tacto. Ella inclinada hacia mí, me ayudo a quitarle el sujetador. El sujetador ya estaba fuera. Ella recuperó su posición sobre el sofá y yo sobre ella. Repare a mirar sus senos. Eran pequeños, redondos y bien formados. Sus pezones rosados y algo duros. Fue entonces cuando ellos, sus pezones, fueron víctimas de pequeñas mordidas que compaginaba con besos en todo su pecho. Mi sensación era de excitación. Disfrutaba con ello. Y notaba que ella también. Comencé a desnudarme. Cada prenda de mi ropa fue buscando un hueco por la sala. Ya no había vuelta atrás, practicaríamos sexo.
Me atreví a quitarle ese pequeño pantalón. No llevaba ropa interior. Disfrutaba el momento. No quería dejarme ninguna parte de su cuerpo sin besar. Inagotables cantidades besos recorrían ahora su vientre. Mis manos a cada lado de su cintura, cuando besaba su ombligo. Ella me cogió de mis manos y ambos las acariciamos. Seguí bajando. Me desvié por sus muslos morenos, cuando seguía bajándole el pantalón. Me había quedado de rodillas frente a ella. Había besado sus piernas y ahora se las levantaba según besaba sus tobillos, por dentro y por fuera. Estamos completamente despojados. Un placer inconmensurable. Mis dientes aguantabas sus pies, mis manos humedecía sus tobillos y mi lengua mordía sus pies. Estaba viendo algo tan onírico que hasta mis palabras y mis pensamientos se confundían.
Coloqué mi cabeza entre sus piernas. Proseguía besando y no paraba de pasar mi lengua por su tez. Progresivamente me inclinaba e iba besando el interior de sus piernas.
Me acomodé y le realicé sexo oral. El tiempo como todo, es relativo. Difícil saber cuánto tiempo duró.
La excitación viajaba por mi cuerpo. Me retorcía de placer, cada una de mis vertebras giraban 360º. Ella también lo estaba, se podía apreciar; estaba muy húmeda.
Ahora me ponía al lado de ella. Seguimos besándonos. Sus labios eran perfectos. Me despertaba muchas sensaciones. Eran como algodones de azúcar, aparte de dulces, muy blandos. No se podía parar, algo que gusta y que no hace daño sería de necios parar. Sabía que me gustaba. Incorporados, nos masturbamos mutuamente hasta llegar al orgasmo.
Caímos fulminados de placer sobre el sofá. La película había acabado. La pantalla estaba en negro. El silencio adueñaba la casa y la calle. No dije palabras alguna, simplemente disfrutaba del placer que me recorría el cuerpo.
Después de unos minutos, ella me hablaba. Parecía muy natural. Yo no conseguía concentrarme en sus palabras. Decenas de preguntas rondaban mi cabeza. ¿He hecho lo correcto? ¿Realmente vale la pena? ¿Llegaré a algo más con ella? ¿Habrá sido solo sexo y no lo sé? ¿Será demasiado adulta para mí?, ¿Seré demasiado joven para ella?...
Pero mis verdaderas dudas estabas ahora disipadas. Tenía completamente claro mi homosexualidad. Quería pasar el resto de mi vida al lado de una mujer.
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